Rearme de Márquez y Santrich, oxígeno para el uribismo

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El expresidente Álvaro Uribe ha mandado mensajes contundentes: derogar la JEP y fortalecer la seguridad democrática. El rearme de algunos cabecillas de las Farc influirá en las elecciones que se avecinan y fortalecerá el discurso uribista.

El ajedrez político cambió este jueves. El país amaneció con la noticia de que en el monte las disidencias de las Farc están empuñando las armas y anunciaron el inicio de una nueva guerrilla. La imagen de Iván Márquez, Romaña, el Paisa y Jesús Santrich vestidos de camuflado se convirtió en la peor pesadilla para los defensores de la paz, y en un factor que afectará las elecciones regionales y fortalecerá el discurso uribista.

Los mensajes de Uribe son claros, primero quiere reformar la Jurisdicción Especial de Paz o derogarla. Esta no es una noticia nueva, pero sí una idea que recibe el impulso de la decisión de Márquez y compañía de volver a alzarse en armas, porque refuerza el discurso uribista de que el acuerdo de paz dejó “impunidad”.

Ya lo había dicho Uribe hace meses: había que esperar que se dieran las “condiciones” -lo que llamó “hechos bochornosos”- para que calara en los políticos y la opinión pública la idea de derogarla. Por eso, las acciones inmediatas que tome la JEP en el caso serán clave. Rearmarse constituye un incidente de incumplimiento suficiente como para ser expulsados de la jurisdicción especial. Por el momento, la presidenta de la JEP, Patricia Linares, aseguró que actuarán con celeridad y rigor. “(El rearme) es una causal de expulsión de los comparecientes que se aplicará inequivocamente a quienes hayan incurrido en esa conducta”, puntualizó.

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El segundo mensaje de Uribe es reforzar la seguridad democrática, bandera durante su mandato y promesa de campaña de Duque, para poder “capturar a esos bandidos”. La mano firme a la que apela el jefe del uribismo corresponde al reclamo del ala más dura del partido.

En el programa La Hora de la Verdad, el exministro Fernando Londoño, de la línea dura del uribismo, aseguró que “nunca hubo paz” y que los negociadores le “entregaron el país” a las Farc. “Ahora sale el presidente Uribe a decir que nunca hubo paz en Colombia, tiene toda la razón, ¿pero por qué inició negociaciones?, ¿por qué se dejó engañar? Porque son unos bandidos y lo engañaron”, reclamó en su programa matutino.

Con el anuncio de la “refundación” de una nueva guerrilla se crea un efecto dominó. Porque hay una idea que afecta en gran medida al acuerdo de paz y que desde el uribismo recalcan: Jesús Santrich es un congresista alzado en armas. Todavía no ha perdido su investidura, esto porque el Estado debe respetar el debido proceso. Santrich completó las seis fallas en plenarias de la Cámara y por tanto su proceso está en manos del Consejo de Estado. En el caso de Márquez, el Consejo de Estado decretó la pérdida de investidura en primera instancia, porque nunca se posesionó ni demostró razones de fuerza mayor para no hacerlo. Hay una “división estratégica los unos chupando Congreso y los otros echando bala en el monte”, recalcó Fernando Londoño.

Una parte del país nunca digirió que los exfarc pisaran el Congreso sin antes purgar sus culpas en una cárcel. Por eso, el rearme de la guerrilla afecta tanto a la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, la Farc, como partido político en su intento de surgir. Tienen candidatos en las regiones con los que aspiran a ganar mayor representación política, y sin duda la sombra de una guerrilla rearmada los afectará en las urnas. Como acción política, podrían sacar a los disidentes rearmados del partido, ante esta posibilidad Rodrigo Londoño no dio un sí definitivo, sino que insistió en que el partido lo decidirá siguiendo las reglas de la democracia.

 

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